jueves, 4 de diciembre de 2008

Muriendo en el intento

Me había propuesto hacer algunos cambios con un fin puramente egoísta: ahorrarme tanto trabajo, pero al primer intento, perdí el partido.
Hace tiempo observaba un ir y venir, laboriosísimo. Un zumbido de abejas obreras, cotorreo y de rato en rato unos aplausos que me hacían recordar una dinámica grupal de no se dónde ni no se cuando. Creo que se daban ánimos.
En fin, no me interesé en el asunto hasta que me llegó la hora de formar parte de esa troupe. Resulta que era la forma en que trabajaban para organizar envíos de materiales a unos cursos de capacitación que yo sí conocía porque estaba elaborando una parte delos manuales, procedimientos y cronograma. Pero ¡oh! sorpresa, no sabía que cada curso implicaba tamaña tarea.
Me puse a observar y usando la cabeza me di cuenta que era una labor innecesaria y además peligrosa. Alguien había tenido al idea de organizar cada paquetito y cada carpetita de trabajo de cada participante de los mas recónditos lugares del país...acá, en Lima. What!!
Entonces se produjo la primera escaramuza. Abrí mi bocota y dije ¿qué hace el coordinador de la ciudad de destino? La respuesta fue que le habían ofrecido enviarle así el material y debían cumplir con el compromiso. Volví a abrir la bocota: ¿Les pidió eso? No, se lo ofrecimos.
¿Perdón? Cof cof cof, Me rasqué la cabeza, me despeiné, como suelo hacer cuando me veo ante cosas tan tontas como esa.
O sea...